Los moluscos son invertebrados protóstomos celomados y forman
uno de los filos más amplios del reino animal. Se trata de los invertebrados
más numerosos detrás de los artrópodos, incluyendo a especies como los pulpos,
las babosas, los calamares, los mejillones y las almejas. En total, los
científicos estiman que existen unas 100.000 especies vivientes.
Gracias a sus características fisiológicas, los moluscos
pueden vivir en una gran variedad de ambientes. De esta manera, pueden hallarse
individuos de este grupo a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y también
en profundidades oceánicas de más de 5.000 metros.
Algunas de las particularidades de los moluscos que los
diferencian del resto de los animales son la presencia de un órgano de
alimentación conocido como rádula, que está formado por dientes quitinosos
curvos; el desarrollo de un pie muscular; y la existencia de una concha
calcárea secretada por el manto (aunque, en ciertas especies, puede estar
ausente).
El pie muscular demuestra la gran capacidad evolutiva de los
moluscos. En principio, era reptante, similar al de los gasterópodos. Con el
tiempo, pudo diversificarse en un pie excavador (en los bivalvos), un pie
nadador (en los gasterópodos pelágicos) o hasta un pie escindido en tentáculos
(en los cefalópodos).
Cabe destacar que, en cuanto a la reproducción, los moluscos
pueden ser unisexuados (los bivalvos) o hermafroditas (caracoles), con
capacidad, incluso, de autofecundación en algunos casos. Algunos vienen
provistos de sexos separados y la fecundación tiene lugar de forma externa, en
el agua; existen algunas especies en las que la fecundación se da de forma
interna; y en el caso de los hermafroditas, vienen dotados de ambos sexos y
pueden realizar la fecundación sin necesidad de que exista otro individuo, es
el caso de los caracoles.

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